Los juegos del tiempo

La hora es incierta. Una sombra se desliza en la áspera oscuridad. El tictac hace mucho que no se escucha. Dentro de su caja de vidrio el reloj parece vivo pero su péndulo inmóvil lo niega. Desde su único y dorado ojo parece mirarme. Sin embargo su silencio certifica la muerte sucedida hace ya mucho tiempo atrás. A las tres y treinta de aquella lejana noche pegajosa se detuvo con un rictus grave que todavía conserva.

Hoy la sombra lo acaricia. Mimosa y juguetona. Y la aguja grande le devuelve con ahínco sus cariños. Conversan sobre intrascendentes cuestiones cotidianas. Acciono la perilla y la luz inunda hasta el último rincón.

 La sombra juguetona salta por la ventana, atrás del primer árbol desaparece y desolada huye por la oscura esquina. Dentro de su caja de vidrio la pequeña aguja brillante continúa en las tres. Mientras que la grande ha revivido caminando hasta volver a detenerse en treinta y cinco. Se presiente en su leve temblor que aguarda esperanzada una nueva visita.

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