Fotos: Marcos Kuperman https://instagram.com/markup19again

Fumó medio atado en un rato. En ningún momento había dejado sus piernas quietas. Como si se tratase de respirar. Revisó bolsillos y cartera por enésima vez procurando que todo estuviese en orden, que no se hubiese olvidado de nada. Pensaba en sus primeros viajes sola. A pesar de todo esos padres tan poco padres habían estado allí recordándole el por las dudas de la blusa en el bolso de mano, las llaves, dni y demases. Ahora los evocaba reflexionando que mal que mal habían estado allí. En todo eso meditaba cuando, sentada en su asiento, los nervios de a poco comenzaban a aflojar. El paquete de chicles jugueteaba en su mano derecha esperando el anuncio de despegue.

Al despegar, la nube de pensamientos se le deshizo. Quedo solo esa sensación de supervivencia sumada a la del vacío en el estomago típico de cuando un auto baja velozmente una lomada.

Se preguntaba si Pedro estaría allí esperándola. No tenía ganas de un arribo solitario. Ya había sido suficiente con la partida. Cómo sería el reencuentro. Algo tipo película o un piquito y “¿Qué tal el viaje?” ¿Cómo lo iba a mirar? ¿Se le notaría o ni siquiera tendría que hacer el esfuerzo de disimular? Trataba de parar el círculo vicioso de pensamientos, esa guerrilla mental que alborotaba su cabeza. Se pidió un te y luego durmió un poco. Despertó y Facundo en su cabeza. No puedo evitar sentir su presencia, esa manera poco clara en que él transformaba las situaciones cuando aparecía. Las cosas se le habían ido de las manos pero confiaba en que las riendas seguían estando donde siempre. Era algo pasajero. La soledad y los problemas con Pedro habían entrado en juego desbordando el caudal normal por donde todo tomaba forma y sentido.

Al rato empezó a mirar el interior del avión. Estaba semivacío y bastante silencioso. La excepción la daban dos viejas empecinadas en conversaciones de ascensor.

Se acordó de la primera época de noviazgo. La seducción, los juegos y las noches caminando por la rambla marplatense ¿Qué había cambiado? ¿Era un problema de rutina o simplemente la vida? Tenía la esperanza gastada de que el reencuentro, las vacaciones y esas cosas borraran de un plumazo toda herida, todo vacío y fractura cosechada con el tiempo. Y encima Facundo…

Jugó un poco a borrarse en los recuerdos y consiguió dormir un rato más.

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