Kobo Abe fue el continuador de la línea de escritores que se propusieron renovar la literatura japonesa, Junichiro Tanizaki; Ryunosuke Akutagawa y Ozamu Dazai. Al igual que ellos, sin abandonar del todo las tradiciones de su pueblo, trabajó para incorporar las innovaciones estéticas de occidente. En Los cuentos siniestros personajes que representan a los perdedores de la sociedad, solo individualizados por una letra, se ven envueltos en historias donde lo aterrador rivaliza con el absurdo y expone la alienación de la vida contemporánea.

En el cuento que inicia el libro, Pánico, un desempleado en busca de trabajo es abordado por un personaje anodino que lo cita para una entrevista. La misma se desarrolla de un modo poco común, alrededor de una mesa de bar bebiendo sake. Cuando el protagonista despierta, luego de caer desplomado por la borrachera, se encuentra con el cadáver del hombre que le propuso el trabajo.

«Prendí la luz, y la apagué inmediatamente. No podía olvidar lo que había visto en ese instante. Sangre…sangre…sangre. Era sangre lo que tenía en mi mano. Empapado en sangre, desde las mejillas hasta el cuello, K permanecía acostado con la cabeza apoyada en la pared, en ángulo vertical hacia donde yo estaba. Una navaja ensangrentada se veía entre el cuerpo ensangrentado de K y el mío. Sentí que se congelaba el aire hasta transformarse en un material vidrioso. Me quedé inmovil, con la respiración entrecortada. ¿Qué había pasado?…¿Por qué todo ésto?…»

El desesperado protagonista del cuento se lanza a la calle, en la que desaparece por días enteros hasta que el hambre y el frío lo empujan a cometer robos y otros crímenes. Es apenas un engranaje en un dispositivo mecánico desquiciado del que por primera vez toma conciencia. «¿Por qué todo esto?».

En «El Grupo de Petición Anticanibalista y los tres caballeros» es nuevamente a través del absurdo como el escritor expone las miserias de la competencia desmesurada. Imagina una sociedad dividida, donde por sorteo se designa personas destinadas a servir comida. El hombre lobo del hombre de Hobbes, adquiere una dimensión inusitada.

«-No entiendo…no entiendo…-murmuró el de traje pardo mientras recorría despacio la habitación, manteniendo cuidadosamente el equilibrio con el bastón-Me gustaría hacer algo por ustedes. No somos enemigos, ni pretendemos dominarlos por la fuerza. Pero no entiendo…todo está fuera de mi capacidad de comprensión…¿Por qué dice que no debemos comerlos a ustedes? Su carne es la más sabrosa, nutritiva y sana. ¿Por qué están en contra de algo tan lógico?…»

Como si se tratara de la simple discusión de acuerdos políticos,representantes de los dos bandos debaten la continuidad o no del canibalismo. Los cuentos siniestros de Kobo Abe no están exentos de humor. Un humor oscuro y como abismado en las fauces de lo absurdo, como en aquel cuento que nos presenta un extraño perro con forma de gusano. Un ser pesadillesco que a modo de maldición, persigue la suerte de todo hombre que cae en las redes de su ama, una mujer joven que trabaja de modelo en una escuela de arte.

Abe participó en su juventud del Partido Comunista de Japón del que más tarde fue expulsado al denunciar las restricciones a la libertad y la violación de derechos humanos en el entorno soviético. En muchas de sus obras, sobre todo los cuentos que se acercan al género de la Ciencia Ficción, el autor presenta escenarios de opresión social, desencanto y parámetros policíacos de control. Sin perder el vuelo imaginativo de la tradición japonesa, las historias de Los cuentos siniestros incorporan la crítica a los alienantes marcos de la sociedad capitalista occidental.

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