Debo haber empezado a escuchar St Vincent allá por el 2011/2012. Empecé con su tercer disco Strange Mercy y fue como si se me abriera una puerta nueva en el cerebro. Recuerdo una noche ponerme a sacar el tema que le da el nombre al disco y notar primero que la sexta estaba en Re, después que la quinta estaba en Sol, la cuarta en Do… Tardé un rato en caer en que todas las cuerdas estaban un tono abajo pero —no hay idiotez que por bien no venga—, gracias a eso descubrí una afinación que usé por años para tocar y sobre todo para componer. Todas las cuerdas un tono abajo menos la tercera Sol. No me interesa abundar en esto, pero sí hacer notar la potencia de armar acordes y progresiones sin saber qué poronga estás haciendo, fue casi como volver a agarrar una guitarra por primera vez, salvo por el detalle de que no era cierto. Una falsedad verdadera en cuanto a su potencia performativa, me permitía crear sin la mediación de mi cerebro. Ahora que lo pienso, algo parecido al fútbol (y seguramente a cualquier otro deporte) en el punto en que uno no decide y luego hace, sino que decide y hace a la vez. Es verdad que la música es un poco así de por sí, sabiendo o no qué es lo que estás tocando. Pero lo es aún más si conseguís lograr un hacer que se olvida que sabe. Para eso me servía y, además, cada paso en la composición era como estar a punto de dar vuelta en la esquina, no tenías ni la más puta idea de con qué te ibas a encontrar. Cada movimiento era una sorpresa y a través del error se iba creando, un riff o una progresión de acordes podía transformarse en una textura que había que merodear acercándose y volviéndola propia de a poquito. Todo esto gracias a St Vincent y todavía no hablé propiamente de la banda.

Sus primeros tres discos son geniales. Marry Me, el primero, es un toque más jazzero y lo mejor que tiene es sencillamente que nos presenta a Annie Clark (cantante, guitarrista y compositora) y eso no es poco. Empezamos a notar sus destellos de originalidad en las melodías de voz y viola que abren el paso a armonías que funcionan como medios o puertas para que dichas melodías puedan realizarse. En general ese pareciera ser el punto de partida de la autora, riffs o melos al frente y después vamos viendo. Su segundo disco, Actor, es como un preanuncio de lo que vendrá, empieza a prefigurarse ese espacio que Annie Clark viene a ocupar/inventar en el mundo de las guitarras, como una especie de “heroína de la guitarra” pasada por un filtro de Tim Burton en plan “joven manos de tijera”. Strange Mercy es la punta de la flecha, de esos discos donde parece que de repente todo ha encontrado su lugar de bienestar a través de la comunicación de cada uno de los elementos/espacios con los otros. Se lo podría llamar maduración sino fuera porque esa palabra ha sido apropiada por el concepto ideológico de lo adulto.   

Esperé el cuarto disco de St Vincent, ahora sí por vez primera contemporáneo a su lanzamiento. Y fue un poco decepcionante porque si bien no estaba mal, tampoco pasaba demasiado. Claramente los arreglos seguían siendo geniales, aunque es probable que ya hubiese algo de fórmula replicada. Pero sobre todo a las melos les faltaba vuelo, invención, creatividad. Esa fue la impresión que me dejó en esa época. Capaz ahora lo escucho de vuelta y me vuela la cabeza. Lo dudo.

De Massudection —el quinto disco—escuché algunos temas y no me movió nada, pero ya estaba un poco sugestionado por el disco anterior. Puede que allí haya gemas por descubrir.

Hace poco, redes sociales mediante, me topé con el single “Pay your way in Pain” de su último disco Daddy´s Home. Me flasheó de toque y encima el video está igual de zarpado. Después me vi algunos videos de presentaciones en vivo de este tema y de “The Melting of the Sun” y me seguí entusiasmando. Estoy tentado de usar esa horrible expresión típica de doblaje de peli yanqui “Annie Clark lo hizo de nuevo”.

Un disco al que le cabría el calificativo de “vintage bizarre” recordando que bizarre en inglés no significa exactamente lo mismo que bizarro en castellano. Caso curioso porque no es que los significados sean completamente distintos sino sutilmente diferentes. El significado en inglés se ajusta más a algo extraño y no tanto a nuestro bizarro que es más para situaciones estrambóticas o completamente descabelladas, de esas que al contarlas te cagás de risa pero que cuando las viviste las sufriste un toque. “Vintage extraño” es casi como un contrasentido y creo que por ahí pasa la potencia del disco. Estamos en la era —muerta— de lo vintage, sostenemos un catálogo que abrimos en la página de la historia de la música que más nos pinte y con eso nos entretenemos. Y esta acción/descripción vale tanto para lxs consumidores como para lxs músicos, se ajusta a ambos lados de la mesa. Lo vintage es ver hacia un atrás y recrearlo como si eso fuese posible siendo que es claro que no lo es (el hombre y la música siempre vienen con sus circunstancias). De todas formas, hasta ahora creo que nadie parecía estar notando este pequeño dato o al menos haciendo algo con él. Hasta… Daddy´s Home donde se agrega un espejo más al universo de lo vintage. El disco es el reflejo del reflejo del reflejo. Traduzco: qué pasa si en vez de emular un pasado emulamos la emulación de ese pasado. Pasa que pasa algo nuevo.

Si bien puede que algunos de los videos de los temas me estén influenciando la mirada dado que la estética tiene esta cosa medio paródica, en realidad, poco importa porque lo cierto es que los videos responden a cierta mirada sobre la obra o, más bien, son parte constitutiva de la misma. Y digo todo esto sin tener la más remota idea sobre de qué van las letras porque así escucho yo. Por ahí en el 2030 estoy un toque aburrido y me pongo a investigar qué dicen.

Pay your Way in Pain

Primer tema: acorde al disco. Tiene la virtud de moverte el culo a pesar de que, a nivel sonoro, todo sea bastante extraño, uno tiene la sensación de estar buceando en un coral lleno de algas y pececitos de todos colores solo que el tono del agua es medio amarillento y cristalino a la vez. Te pasa eso de pensar de dónde coño vino esto, cómo percha fue concebido este bichito sonoro. A su vez, lo que decía antes, los componentes vintage están pero deformes. Por ejemplo, imaginemos a los coros souleros como si fuesen una cara que nos es familiar gracias a nuestras desarrolladas paletas musicales. Bueno, pasa que a la cara los ojos le brillan medio raro tal cual peli de alienígenas que tienen la capacidad de tomar formas humanas. Y a pesar de eso, la organicidad se expresa en el movimiento corporal.

Down and Out Downtown

Bata y bajo nos dan esa cuota de familiaridad necesaria, el sonido sigue siendo un acertijo, empiezan a pasar un par de movimientos armónicos raros y con estos elementos se va construyendo una balada soulera que podría haber sido interpretada en un momento de bajón en la rave de la ciudad de Sion en “Matrix Reloaded”.

Daddy´s Home

La armonía nos hace pensar en un tema de los ‘70 que intenta replicar una música tipo medio vodevil. Al respecto, puede que el teclado hammond haya hecho efecto en mi cerebro. La interpretación vocal de Annie Clark siempre es exacta, no hay forma de pensar que otra cosa mejor se hubiese podido hacer (esto vale para todos los temas), virtuosa sin pretenderlo, siempre focalizada en cómo lograr capturar el tema porque —es cierto— seguramente nació en ella, su voz y su guitarra. Pero después se “independiza” en un viaje de recorrido por los demás instrumentos. Entonces ahí Annie “caza al vuelo” a la música y la condensa toda a través del sonido que sale por el túnel de su garganta. Es un poco lo que se necesita de un/a cantante, esa capacidad de síntesis que, casualmente o no, me recuerda a la trompeta de Miles. Volviendo concretamente al tema, el sonido es como un día de 35 grados de calor de esos en lo que ya no sabés si el ventilador de pie es atenuante o corresponsable de la atmósfera chiclosa, sudada y abrasiva en la que estás metido. Pero, ojo, el tema replica esa sensación en el momento exacto en el que ya no te le resistís más y empezás a disfrutarla. Es un gran mérito lograr construir ese ambiente que también podría encontrar su analogía con estar chapoteando de cuerpo entero en un lodazal, son momentos que tienen algo de despojo, como si nos sacáramos una capa de piel social para poder explorar qué es lo que hay debajo. A su vez me pregunto si no hay algo de “Money” mezclado con “Have a Cigar” de Pink Floyd. Probablemente sea yo y no St Vincent en la medida en que mucha música llegó a mis oídos en un orden que nada tenía de cronológico y entonces no veo ese hipotético origen que capaz sea común a ambas bandas.

Live in the Dream

Probablemente el tema más canción hasta acá. El sonido, salvo por un par de momentos de viola, sí suena más a vintage clásico. Parece como un juego entre una cruza de “Sun King” de Lennon y “Us and Them” de Pink Floyd. El fraseo es muy Lennon, pero la armonía tiene ese detalle de locurita de Richard Wright que le venía de su reinterpretación del jazz de los ‘50 y ‘60. A la mitad del tema aparece una guitarra casi normal, algo muy extraño tratándose de St Vincent. Pero hacia el final el solo de viola suena a Annie reprocesando a David Gilmour, otra cruza, pero esta mucho más extraña. 

The Melting of the Sun

Otra canción y mientras lo escribo me pregunto si se entiende a qué me refiero con canción. Probablemente a que escuchas el tema y podés escucharla a ella tocándolo con la guitarra. Es decir, ella sola y su guitarra ya hacen al tema y a la interpretación que estás escuchando. Soy de los que, parado desde el lado de músicx, suelo considerar esto como un mérito porque dirige al resto de los músicxs, a la mezcla y al sonido hacia un lugar claro, ya en el “nacimiento” de la canción queda expresado en germen todo lo que va a suceder luego vía arreglos, instrumentación e interpretación.

Creo que en este tema el concepto “Vintage Bizarre” queda súper claro. La potencia de crear sobre la recreación le permite concebir un universo sonoro nuevo y desconocido a nuestras orejas.

La melo es una auténtica muestra de la particular originalidad de Annie Clark, es difícil sacarle la ficha y, al mismo tiempo, no deja de ser una melodía que podríamos calificar como “bonita”. Los cambios armónicos también son de esos que sorprenden, pero nuevamente acá es claro que manda la melodía y los acordes acompañan. La estrofa del tema recuerda mucho a su disco Strange Mercy pero el estribo y el final nos devuelven rápidamente al universo “vintage bizarre”. En el medio tenemos unos riffs de guitarra que suenan a fantasmitas de castillo de una peli filmada en los ‘60. La línea de bajo se zarpa, pero con la naturalidad de un niño chapoteando en el agua.

Humming (interlude 1)

Universo de peli, me hace pensar en una casa de verano en California (y no tengo ni idea qué sería eso, pero mi cerebro “lee” así los años y años de información recibida bajo el influjo de la colonización yanqui sobre mi psiquis).

The Laughing Man

Una canción muy linda. Suave te va llevando. La estrofa me recuerda algo a su primer disco Marry Me, el estribo otra vez me suena a cruza entre Lennon y Floyd. No hay mucho más que decir, a veces a lo bello es mejor dejarlo así.

Down

Y otra vez me estoy moviendo. Y ahora estoy flasheando con las guitarritas funkeras al mejor estilo Prince. Estoy casi que por criticar la melo por ser predecible, pero me arrepiento a mitad de camino. Es que el tema camina como loco, no hay por dónde entrarle. Me encanta el juego que se arma entre las violas y los sintes, todo muy sincopado, muy de nota que se corta. Es como una especie de red que enmarca el espacio sonoro. Pero claro, como cualquier red, se ve afectada frente al peso de los cuerpos. Es decir: ¡se mueve y acobija a la vez!

Humming (interlude 2)

Algo que podría haber pasado en el álbum blanco.

Somebody Like Me

Acá se pone todo medio folk tenso, a la armonía te da ganas de exprimirla y servírtela en un vasito con el café de la mañana, y si la junto con los arpegios de guitarra se arma otra cruza: esta vez entre “Weird Fishes” y “Faust Arp” del disco In Raimbows de Radiohead. Voz con eco sesentoso. Qué más decir, me encanta y lo quiero escuchar de vuelta.

Mi Baby Wants a Baby

La intro me redirigió directamente a la de “I´m the Warlus”. La melo y su interpretación me hizo pensar en Bowie. La cosa así medio optimista me trajo el eco de esos himnos de los ‘60/’70 que, hechos hoy, sonarían raro porque… hace poco veía una entrevista a Paul Mccartney donde decía que, aunque probablemente no haya sido así, él sentía que en los ‘60 todos los días eran soleados. Bueno, eso aplica para este tema. Como si el día en que Annie Clark lo compuso, hubiese sido uno donde estaba exagerada y extravagantemente optimista y esperanzada; como si, por algún misterio hubiese sido capaz de obviar y borrar el horror, la muerte, el fracaso y la decadencia que vinieron después.

… At the Holiday Party

Vamos de una al universo Joni Mitchell y hasta ahí estamos de lleno en el “vintagismo”. Pero en el puente nos acordamos que se trata de St Vincent. A su vez, de una forma tan natural que casi no te das cuenta, pasaste del folk al funk/soul. Y otra vez escuchás ese “vintage flácido” que aparece y se desvanece en un movimiento perpetuo hasta que te das cuenta de que tu cerebro encontró un cuarto nuevo, había una puerta que no habías registrado. Ahora la abriste y ya estás metiendo las patas.

Candy Darling

Me recuerda mucho a “Nine Dreams” de Lennon y puede que el eco en la voz tenga mucho que ver. Un tema que cuenta con la ventaja de que me gusta, aunque no pueda explicar ni por qué ni mucho menos justificarlo.

Humming (interlude 3)

Recién ahora entiendo a estos interludios, cumplen la función de reforzar el viaje vintage y extraño que estás teniendo. Porque tenés 7 meses y así escuchas todo en ese breve lapso de tiempo en el que permanecés despierto flotando en el líquido amniótico de la placenta.

Podría decir “me encanta el disco” y callarme de una buena vez. Y estaría bien.

Pero no.

Puede que la razón completamente subjetiva porque este disco me resuena tanto sea el hecho de que explora la contradicción —que me es tan propia— de criticar la cultura muerta de lo vintage y al mismo tiempo consumir compulsivamente la música de los ‘60 y ‘70 (corriendo desde atrás, también de los ‘80). Es hacer algo con esa contradicción. Pura potencia.

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